SOFISTAS
Los
antiguos filósofos (sofistas) considerados poseedores de la verdad en sentido
pleno y definitivo.
Se
decían tenían solución->Tenían solución de todo enigma del universo y de los
gobiernos, política.
FRASES
CELEBRES (sofistas)
COINÉ: “Nombra filosóficamente todo
lo que se descubre o se inventa”.
PROTAGORAS: “El hombre es la
medida de todas las cosas”
GEORGIAS: “Nada existe, si algo
existiera no podríamos conocerlo, si pudiéramos conocerlo, no sabríamos
comunicarlo”
CALICLES: “Las leyes eran un
especie de frenos creado por los débiles para oponerse al dominio de los
fuertes por lo que la única ley que admite “Ley del más fuerte”
ERISTICA: Arte de discutir por
discutir
SOFISTAS. (del
griego F@n4FJZH, sofistés, sabios, los que poseen el saber o están dotados de
riqueza espiritual) Inicialmente se había aplicado esta denominación a la mayor
parte de los filósofos presocráticos. Pero, en la historia del pensamiento,
después de Sócrates, Platón y Aristóteles, adquiere su significado aplicado a
un amplio grupo de intelectuales, maestros y filósofos griegos de los siglos V
y IV antes de nuestra era que tuvieron gran influencia y que, más que formar
una escuela, compartían unos rasgos comunes como maestros de retórica y de
cultura general.
En
la historia de la filosofía, y debido a la gran influencia de Sócrates, Platón
y Aristóteles -que se opusieron a ellos y les acusaron de ser portadores de un
falso saber-, el movimiento de los sofistas se ha entendido generalmente a
partir de una perspectiva despectiva. No obstante, dicho movimiento es, por una
parte, expresión de una crisis de la filosofía de la época, que ya había
agotado los modelos especulativos de los presocráticos sobre el cosmos y la
physis, y, por otra parte, es expresión de unas nuevas necesidades educativas
que permitieron la aparición de los primeros maestros de areté (virtud). Así, pues,
aparte de la propia evolución interna de la filosofía presocrática, que había
llegado a un cierto agotamiento de sus especulaciones y había conducido a una
pluralidad de concepciones para explicar una única naturaleza (pluralidad que
desembocaba en el relativismo y el escepticismo), la causa fundamental de la
aparición del movimiento de los sofistas fue la evolución política de Grecia.
De manera muy esquemática se puede decir que, mientras los filósofos
presocráticos orientaron su pensamiento hacia la especulación acerca de la
naturaleza, los sofistas abrieron el campo de la filosofía a los problemas
antropológicos, es decir, la filosofía se desplazó de la physis al nomos, del
cosmos a la polis. A medida que se fue reforzando la tradición democrática y que
las decisiones que afectaban a la polis o comunidad se efectuaban
colectivamente, fue adquiriendo cada vez más importancia el arte de hablar bien
en público y de argumentar convincentemente. De ahí la necesidad de una
enseñanza de la técnica retórica, y la conveniencia de investigar los
fundamentos del comportamiento colectivo: la moral y las costumbres. En este
sentido Grote, en su Historia de Grecia, hace una defensa apasionada de dicho
movimiento. Efectivamente, en la Grecia clásica no existía un modelo bien
definido ni regulado de enseñanza, y la educación tradicional se basaba en el
estudio de la música (poesía, drama y, en general, todo lo vinculado con las
nueve musas) y de la gimnasia (Platón señala en la República que estas
enseñanzas deben ser la base inicial mínima, a partir de las cuales debe
enseñarse la matemática y la dialéctica en la educación de los gobernantes).
Pero las nuevas necesidades sociales surgidas en el siglo V a.C., especialmente
como consecuencia del desarrollo de la democracia ateniense (y de la
consiguiente necesidad de hablar bien en público), provocaron la aparición de
un nuevo movimiento pedagógico que fue cubierto inicialmente por los sofistas.
Posteriormente, la aparición de centros de enseñanza estables, como los de Sócrates,
la Academia platónica o el Liceo aristotélico, acabaron con el movimiento de
los sofistas.
De
hecho sería un error pensar que los sofistas fundaran alguna especie de escuela
filosófica, ya que la mayoría de ellos, aunque hay notables excepciones, no
estaban especialmente interesados por cuestiones filosóficas, sino que su
ocupación fundamental era la enseñanza de la retórica y la preparación para el
éxito social. Dentro de este movimiento deben distinguirse aquellos autores que
realmente han hecho interesantes aportaciones a la historia del pensamiento, de
aquellos otros que solamente eran maestros de retórica, es decir, de aquellos
individuos que, junto a su capacidad de elocuencia, unían la habilidad política
y eran profesionales del discurso y maestros que enseñaban estas artes o
ejercían la defensa en los juicios a cambio de una remuneración -incluso
utilizando para ello todos los recursos de la retórica y argumentos falaces
aunque con apariencia de estar bien construidos. Debido a que muchos de estos
sofistas se preocupaban más de conseguir un triunfo dialéctico y de orientar
más sus enseñanzas hacia el éxito que hacia la consecución de una verdad (que,
dado su escepticismo y relativismo, consideraban inalcanzable), y debido a la
mencionada opinión de Sócrates, Platón y Aristóteles, en la historia de la
filosofía, el término sofista adquirió progresivamente una connotación
peyorativa, y el término sofisma acabó siendo sinónimo de argumento falaz y
engañador.
Cronológicamente,
tomando como punto de referencia la guerra del Peloponeso, los principales
sofistas se dividen en dos grandes grupos:
A)
Los anteriores a la guerra: Protágoras Gorgias Pródico Hipias
B)
Los posteriores a la guerra: Trasímaco Calicles Antifonte Critias
De
estos dos grupos, el primero es el más innovador e importante: dirigen su
investigación hacia las bases de la legitimidad de las leyes, y buscan los
fundamentos racionales de la sociedad y de los valores sociales y morales. Con
ello se enfrentan a lo generalmente aceptado por la tradición y crean nuevas
vías de investigación. Los segundos, en cambio, tendieron más a los
razonamientos sofísticos o sofismas, ya que sus intereses estaban más cercanos
a la consecución de un triunfo meramente dialéctico sobre sus adversarios que a
la consecución de la verdad. Además de estos autores, proliferaron muchos otros
maestros de retórica sin ninguna clase de intereses filosóficos. No obstante, a
pesar de las mencionadas diferencias, y a pesar de que los diferentes sofistas
no forman una única escuela, en general comparten varios rasgos teóricos:
1º
Un cierto escepticismo tanto religioso (que les conduce al agnosticismo o, en
algunos, al ateísmo) como filosófico y gnoseológico.
2º
La defensa de un relativismo cultural que pone en duda la existencia de
patrones absolutos de conducta y, en algunos casos, se cuestionan la moralidad
de la esclavitud.
3º
Un relativismo y convencionalismo moral: a diferencia de los fenómenos de la
physis, la moral es fruto de una mera convención. A partir de esta oposición
entre naturaleza y convención social, algunos de los sofistas afirman que la
única ley propiamente natural es la ley del más fuerte.
4º
Un relativismo y convencionalismo político: los fundamentos de la polis y de la
vida social no son naturales, sino convencionales, surgidos de un contrato
social.
5º
Un relativismo gnoseológico: reducción del conocimiento a la opinión. Ello les
induce a adoptar en muchos casos una actitud antidogmática y a rechazar la
distinción entre esencia y apariencia: el único mundo real es el fenoménico.
6º
Su principal ocupación es la enseñanza, que efectúan a cambio de una
remuneración, ya que consideran que esta tarea es propiamente un trabajo y no
sólo una obligación moral (como concebía Sócrates su enseñanza).
A
pesar de las opiniones negativas que ha suscitado este movimiento, en general
fue un movimiento fecundo que afrontó el pensamiento de la realidad
específicamente humana. También en este sentido se ha considerado el movimiento
de los sofistas como la expresión de una primera etapa de Ilustración, razón
por la cual se los ha comparado, a veces, con los enciclopedistas franceses del
siglo XVIII. En la época moderna Nietzsche salió en defensa de los sofistas, a
los que considera todavía como auténticos filósofos, antes de que se impusiera
la traición representada, según él, por Sócrates y el platonismo.
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